Frida Kalho, su obra Revolucionaria y Subjetiva

Autorretrato en la frontera entre Mexico y Estados Unidos

Magdalena Carmen Frida Kahlo y Calderón (1907-1954) nació en Coyoacán, al sur de la Ciudad de México, el 6 de julio de 1907. Pero Frida decía haber nacido en 1910, año del inicio de la Revolución Mexicana: “Nací con la Revolución”, porque quería que su vida comenzara con el México moderno. Frida fue la tercera hija de Guillermo Kahlo, fotógrafo de origen germano-húngaro, de religión judía y la mexicana Matilde Calderón y González, de ascendencia española e indígena católica

Su vida quedó marcada por el sufrimiento físico que comenzó con la poliomielitis que contrajo en 1910 y continuó con diversas enfermedades, lesiones, accidentes y operaciones con secuelas permanentes en ambas piernas. Pero el aburrimiento que le provocaba su postración la llevó a empezar a pintar: en 1926, todavía en su convalecencia, pintó su primer autorretrato, el primero de una larga serie en la cual expresará los eventos de su vida y sus reacciones emocionales ante los mismos.

Sin embargo, no todo es sufrimiento en Frida, su vida y obra son imaginación lúdica que milita su fantasía revolucionaria con la idea de “transformar al mundo” con su capacidad sui géneris de amar locamente. Objetividad surrealista de trabajo “ácido y tierno, duro como el hierro y delicado y fino como el ala de una mariposa, adorable como una hermosa sonrisa, profundo y cruel como lo más implacable de la vida” Diego Rivera.

Filosofa sobre sus heridas sin condolencia como símbolo mismo de la lucha contra una realidad cruel fabricante de sufrimiento a escala nacional, mundial y emocional. Abreva en todas las relaciones de la revolución con la subjetividad. Su adhesión al programa comunista, aun con sus contradicciones o limitaciones, en nada difiere de su compromiso con la causa revolucionaria en la liberación de las imágenes contra los yugos esteticistas burgueses. Hombro a hombro con el pueblo mexicano que, a pesar de los detractores y los defraudadores, mantiene correas de transmisión revolucionaria permanentes.

La Revolución Socialista es programa y es acción, indisociables y emocionantes… requiere la armonía entre pensar y hacer dialécticamente, incluso bajo el influjo del color, la música, las formas pictóricas… esa base filosófica está al alcance de Frida y se mueve dentro de ella bajo una sola ley: la vida revolucionaria. Fuerza imaginativa, su seducción irracional, mágica lúdica… y está la belleza convulsiva extraordinaria de su obra fresca siempre.

En 1938 el poeta y ensayista del surrealismo André Bretón califica su obra de surrealista en un ensayo que escribe para la exposición de Kahlo en la galería Julien Levy de Nueva York. No obstante, ella misma declara más tarde: “Creían que yo era surrealista, pero no lo era. Nunca pinté mis sueños. Pinté mi propia realidad”.

Frida no le tuvo miedo a sus limitaciones físicas, de género y de clase social, hizo suyas las premisas del comunismo, del materialismo dialéctico y las volvió paisaje en una deriva de dolores y penurias donde Frida participa en forma activa. Murió en Coyoacán el 13 de julio de 1954. Fue velada en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México y su féretro fue cubierto con la bandera del Partido Comunista mexicano, un hecho que fue muy criticado por toda la prensa nacional. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas las alberga la Casa Azul de Coyoacán, lugar que la vio nacer. Sus últimas palabras en su diario fueron: “Espero que la marcha sea feliz y espero no volver”.

Extractos tomados de:

Fernando Buen Abad Domínguez

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