Una de esas cosas que nunca pasan
abril 21, 2009 Sociedad
Son las 9:28 de la noche del sábado 18 de abril, al entrar en la estación de Buena Vista note que dos elementos de seguridad se interpondrían en mi camino, pero su intención era detener a unos jóvenes que venían detrás de mí, por su forma de hablar me doy cuenta que han bebido de mas.
Sigo caminando, a lo lejos veo como muy a su pesar los jovenes se alejan de la estación no sin antes increpar a los elementos de seguridad, pienso “que bueno es incomodo viajar con ese tipo de pasajeros”, y es que desde que entro en funcionamiento el tren ha resaltado por mantener un orden impecable dentro de sus instalaciones, uno no puede más que sentirse seguro, bueno casi.
Debo recargar mi tarjeta reviso mi cambio y veo que solo tengo billetes mientras la chica delante de mi tiene complicaciones con la maquina, le recuerdo que la tarjeta se debe introducir en otra ranura sin embargo no encuentra el modo y mejor se dirige a la taquilla.
Paso por los torniquetes y al mismo tiempo pasa conmigo la chica de la tarjeta, nos dirigimos al andén y caminamos juntos por algunos metros, mientras pienso a qué altura del vagón me subiere, lo más conveniente es viajar a la mitad del tren pues en la estación de Tultitlan las salidas quedan más cerca.
Está llegando el convoy se estaciona lentamente mientras la gente se acerca hacia las puertas, al abrirse rápidamente la gente ocupa los asientos, al entrar ya no hay asientos disponibles así que viajare de pie no me siento tan cansado y tengo prisa de llegar pues quiero hacer acto de presencia en la fiesta de la familia.
Suena el timbre insistentemente pues las puertas están a punto de cerrarse, por fin empieza el viaje. Pasan las dos primeras estaciones suben pocos pasajeros, sentada frente a mi hay una joven morena muy delgada que dice estar a punto de llorar pues su pareja no deja de hacerla reír, él está de pie frente a ella ambos ríen , el se inclina para besarla con cariño. Son las 9:36.
Llegamos a Tlalnepantla y junto a otras personas sube un joven de seguridad, sonríe (todos son muy amables) mientras da un vistazo a su alrededor para ver si todo anda bien. Avanzamos a la siguiente estación San Rafael tardamos en llegar pues el tren se detiene un rato antes de llegar, baja el joven de seguridad y sube un hombre con una gran hielera azul.
Para distraerme me inclino hacia la ventana de la puerta, me sostengo del pasamanos y veo las luces de las casas, el tren avanza con normalidad, ya quiero llegar.
9:50 el tren comienza a detenerse intempestivamente escucho como rechinan los frenos, mi brazo se estira al máximo mientras trato de conservar el equilibrio, giro mi rostro hacia el frente del tren puedo ver lo que pasa dos vagones adelante (pienso que vamos a chocar y me corrijo pues es imposible estoy en un tren no en la calle), escucho un estruendo y la luz del primer vagón se apaga luego veo como la unión flexible que conecta el segundo vagón con el mío se dobla hacia adentro el tren se inclina hacia el frente ¿Qué está pasando?.
Las luces parpadean mi cuerpo gira sobre su eje, frente a mí la gente trata de sostenerse muchos no lo logran y caen al igual que yo, estoy en el piso sobre mi espalda algo detrás me sostiene e impide que resbale por el piso, una silueta pasa frente a mi (estiro los brazos para tratar de sostenerlo) el estruendo se detiene, las luces se restablecen, no han pasado más de 30 segundos desde que escuche como rechinaban los frenos.
Levanto la mirada y tendido frente a mi esta el joven que reía hace unos segundos a su lado hay otra persona, a su lado otra y otra y otra a lo largo de todo el vagón. Me incorporo sobre mis rodillas y la mayoría estábamos en el piso. ¿Hay alguien lastimado? las voces gritaban a lo largo del vagón, pregunto al joven frente a mi si está bien, y me contesta – me duele la espalda, creo que me pegue con el tubo, voy a pararme- trato de impedirlo pero se niega, sin embargo el dolor no lo deja levantarse. Los pasajeros ayudan a otros, tratamos de acercarlo hacia la orilla (no puedo mis piernas tiemblan, necesito ayuda), miro hacia la derecha y encuentro a la joven morena en la misma posición que la vi hace un momento, no cayó al piso sigue sentada pero esta vez su rostro está lleno de lagrimas, respira agitada, no deja de mirar a su novio frente mi.
Escucho golpes son los pasajeros rompiendo las cubiertas de los interruptores de emergencia de las puertas, al mismo tiempo que las abren empiezan a sonar las alarmas. El joven trata de pararse de nuevo le pedimos que espere pues puede estar lesionado, le pedimos a su novia que se acerque y sostenga su cabeza mientras saco mi celular y busco el numero de mi casa, mientras empieza a marcar veo como la mayoría con teléfono en mano repetimos las mismas frases – estoy en el tren, chocamos, no estoy lastimado pero otros si, esperamos a que vengan por nosotros, te vuelvo a marcar – son las 9:56 pm. Nuevamente el joven intenta pararse esta vez y con mucho dolor lo logra, se queda recargado en la pared. Me pongo de pie me reviso, no me duele nada, a mi alrededor la gente se asoma por las puertas mientras otros les gritan que no se bajen pues puede haber electricidad afuera y piden cerrar las puertas hasta que vengan por nosotros.
El joven y su novia caminan hacia el frente del vagón, a mí alrededor las ventanas y los asientos siguen en su sitio, algunos pequeños compartimientos de las puertas están abiertos, a excepción de estos el vagón está intacto, ¿me pregunto qué .pasó? Me asomo por una puerta, varios metros hacia afuera veo las vías del tren de carga que corren paralelas al tren de pasajeros hay una locomotora de carga circulado sobre ellas, el maquinista mantiene encendido su reflector, sin embargo no veo que nadie se acerque. Un pasajero se asoma por la puerta del lado opuesto, lo acompaño y me doy cuenta que estamos en una curva del recorrido, en la obscuridad alcanzo a ver más vagones, el pasajero comenta – ¡pero si el tren no estaba tan largo! – coincido con el – es otro tren, chocamos-.
Aparece una mujer vestida de blanco (es una enfermera que venía en el tren) pregunta si hay algún herido todos miramos a nuestro alrededor, ella revisa a una persona al terminar avanza al otro vagón.
Tomo mi teléfono enciendo la cámara y camino hacia el frente del tren, a mi paso gestos de dolor, gente ayudando a otros. Paso del tercero al segundo vagón a través de la unión flexible que está rota, camino y veo más personas lastimadas, un hombre en el piso mueve el brazo que sostiene el celular sobre su oído, viene solo afortunadamente esta consiente. Más adelante un hombre mayor trata de detener el sangrado de su frente, a medida que avanzo las personas se ven más lastimadas.
Llego al final del vagón y veo que la unión del segundo vagón con el primero está completamente comprimida, pasó sobre algunos pedazos regados en el piso. Mas personas lastimadas esta vez hay un chavo tendido en el piso, viste una sencilla playera blanca y tenis, (entonces recuerdo que al subir lo vi pasar frente a mi) ni siquiera tiene aliento para quejarse, a su lado derecho hay dos mujeres tratan de ayudarlo y le piden que respire, a su lado izquierdo el piso del tren está levantado y puedo ver el metal, mas adelante hay dos personas que parecen graves.
Llegue al primer vagón del tren, el lugar donde choco con el otro, no pude evitar recordar las imágenes de los atentados en España, creí que me iba a encontrar con un escenario de fierros retorcidos pero afortunadamente no fue así, las ventanas están intactas y todos los asientos en su lugar, volteo veo abierta la puerta de la cabina del conductor un hombre se asoma a través de ella, yo no me atrevo.
Camino de regreso a mi paso la gente sigue ayudando a otros me detengo un segundo y un señor me dice irónicamente – ¿no que era muy seguro?- al igual que yo está bien, sonrío y respondo – pues la estamos contado así que tiene algo de seguro- algo dentro de mi no puede creer lo que está pasando.
Camino hacia la puerta, afuera hay un muro metálico que divide a las vías de un terreno baldío, detrás la gente que vive a un lado pregunta si estamos bien si hay heridos apenas y puedo oír sus gritos pues están muy lejos , me doy cuenta que estamos en Barrientos, respiro por un segundo son los primeros en llegar. Un hombre de aspecto sencillo se acerca presuroso trae consigo una pesada escalera metálica otros lo ayudan y la pasan sobre el muro, entre varios la jalamos, el hombre nos indica como acomodarla para hacer un puente hasta la puerta del vagón ¡funciona! Segundos después alguien le dice al hombre de la escalera que se aleje y desaloje el lugar, es un policía, después luces, ¡es una ambulancia!, han pasado más de 30 minutos.
Entre todos sostenemos la escalera y uno a uno entran los primeros paramédicos (tres hombres y una mujer) también entra un bombero y dos policías. Los pasajeros los guían hasta donde están los heridos. Regreso hacia al final del tren, ya están atendiendo a los heridos una abuelita tiene puesta una mascarilla de oxigeno, los pasajeros no saben si deben bajar, me asomo por la puerta y un hombre con un chaleco azul nos indica que podemos bajar con cuidado le pedimos que se identifique, nos explica que es parte del personal de seguridad del tren suburbano.
Son las 10:51 pm. colocan las escaleras de emergencia y comenzamos a bajar del tren, me encuentro a la chica de la tarjeta que vi al entrar, está bien solo parece un poco asustada, me alegra verla. Abajo la gente espera sobre las vías, no quieren caminar a la estación dicen que está muy obscuro, el hombre de seguridad insiste y dice – yo les ofrezco una opción tengo una persona que los guie-. Escucho ruido a mis espaldas, del otro lado de la reja hay 10 hombres vestidos con ropa de trabajo azul y cascos, (seguramente trabajadores de alguna fabrica de los alrededores) empiezan a jalar la reja que después de algunos intentos cede y queda en el piso. Los trabajadores forman una cadena y ayudan a que pasen algunos pasajeros.
Me dirijo hacia el frente del tren a mi paso encuentro a más personas que buscan una salida, llego al punto donde chocaron ambos trenes, la cabina de ambos está destrozada, no veo con claridad el otro tren pues no tiene energía, sus luces interiores están apagadas. Junto al primer vagón hay mucha gente sentada sobre las vías, la enfermera los organiza y los atiende son los lesionados. Algunos pasajeros comentan que el tren llevaba rato detenido y de repente sintieron un golpe en la parte trasera, tengo la impresión de que los pasajeros de este tren son los que la pasaron peor.
El sonido de las sirenas es más fuerte, regreso hacia la parte trasera del tren donde los bomberos abren un boquete en el muro para salir a un terreno baldío, empezamos a avanzar, primero las personas lesionadas que con cuidado salen, después niños y mujeres. Es mi turno y veo del otro lado de la reja como nos ayuda un hombre de cabello claros (trae consigo su herramienta, vive en la zona) y a mi lado está el hombre de la hielera (es increíble no se ha separado de ella) notamos que camina con dificultad, al preguntarle nos comenta que le duele el pecho y las rodillas, le ayudamos a salir pero no puede sostenerse un poco reacio acepta que lo ayudemos a llegar hasta la ambulancia a mi me toca arrastrar la hielera.
Son las 11:04 pm. llegamos hasta las ambulancias (son muchas), bomberos, paramédicos, rescatistas y policías sacan a las personas del tren, hacen falta camillas. Nos acercamos a una ambulancia, en la puerta una paramédico revisa a dos personas mas, dentro de la ambulancia hay otras tres esperando ser trasladadas al hospital. No hay lugar donde sentarse, utilizamos la hielera como silla, mientras platico con el hombre se llama Ángel y me entero que su preciado cargamento son frutas congeladas que llevaba a su trabajo, solo debía viajar una estación para cumplir, su jefe está enterado de lo ocurrido y viene en camino. Es su turno la paramédico lo revisa, rodillas, pecho, cuello, en todos dolor intenso pero nada que ponga en riesgo su vida y al revisar su espalda le advierte que en un rato mas va a doler por el latigazo que dio su cuerpo al estrellarse el tren, Ángel esboza un gesto de agradecimiento. La indicación es esperar a que una ambulancia lo traslade al hospital para descartar otras lesiones (pienso que es lo mejor pues el seguro del tren debe cubrir todos los gastos), la paramédico se aleja y se pierde entre los rescatistas que siguen sacando personas.
Recibo una llamada mi familia me espera afuera, entonces llegan otros paramédicos y revisan a los heridos, tratamos de decirles que ya los diagnosticaron pero no tenemos mucho éxito. Tambien llega el jefe de Ángel y pregunta por su estado de salud, le comentamos todo lo que paso, es hora de irme ya no puedo hacer mucho. Las ambulancias son estrechas no podrán llevar la hielera así que ofrezco entregarla a otra persona que espera en la calle.
Mientras camino los policías piden a los civiles que salgan de la zona, hay más ambulancias que no había visto, paso a unos metros del tren que está iluminado gracias a una planta de energía instalada en un vehículo, hasta ahora puedo ver la magnitud del daño es como si al chocar ambas cabinas se hubieran doblado hacia el suelo. Me acerco a la puerta, hay policías y militares, en la calle los vecinos están organizados, colaboran haciendo una valla humana, me gritan que camine rápido pues vienen más ambulancias.
Me detengo entre la gente, un hombre acompañado de dos niñas se acerca, el recibirá la hielera, le explico que Ángel está bien, me despido y camino hacia la calle. Encuentro a mi familia, voy camino a casa, solo tengo dolor muscular en la pierna y el brazo, en la radio apenas una estación da cuenta de lo hechos nadie sabe que paso son las 11:55 pm.
Trato de recordar los detalles, reconstruyo los hechos, llego a conclusiones:
Los pasajeros siempre mantuvieron la calma incluso los que estaban lastimados entre todos se ayudaron, la enfermera realizo su tarea con profesionalismo organizo a los lesionados y estuvo al pendiente de todos, no hay mejor ejemplo de valor.
Ahora pienso en la terrible organización del rescate, los primeros en tratar de ayudarnos fueron los civiles la gente de la colonia 21 de marzo que esta junto a las vías y el maquinista del tren de carga. Muchos minutos después y casi al mismo tiempo los trabajadores de las fabricas, el personal de seguridad del tren y los rescatistas ¿Por qué tardaron tanto?, ¿No sabían dónde estábamos? En el lugar había mucha gente pero nadie los coordinaba pareciera que cada quien eligió una zona del accidente y se desentendía de los demás.
Hasta este momento se tienen registrados 108 pasajeros lesionados, sin embargo nadie puede sabe cuántas personas estaban en el tren, a cualquiera lo dejaban salir del lugar sin preguntar nada, las personas que no salieron lesionadas abandonaron el lugar por su propio medio. Si alguno de ellos presenta malestares a causa del choque ¿Cómo van a saber que estuvieron allí? ¿el seguro medico del tren que gastos va a pagar?.
Las vías del tren están cercadas por malla ciclónica y muros metálicos en toda su extensión ¿Por qué no hay accesos seguros a las vías por donde pudieran pasar los equipos de emergencia? ¿El personal del tren no tiene medios para llegar rápidamente?, qué paso con las cámaras que están en los trenes ¿no vieron lo que paso? Creo que sería bueno que las autoridades del tren mantuvieran contacto permanente con sus vecinos incluyendo industriales y civiles, es muy conveniente que sepan cómo ayudar en estos casos.
El tren sub urbano me parece una de las mejores soluciones para el transporte, pero al adoptar estas medidas debemos estar consientes que cosas como estas pueden pasar y si queremos transportes más rápidos por ende debemos estar preparados para tener mayor capacidad de respuesta: mayor velocidad = mayores daños = más afectados.
He comprobado que los vagones están diseñados para resistir estos impactos, la mayor parte de la estructura quedo intacta, cuando viajen en este tipo de trasportes sujétense bien de los pasamanos, prefieran los vagones centrales, aléjense de las ventana y nunca, nunca, nunca viajen en las articulaciones que unen los trenes, es la única parte que se destrozo completamente.
Ocurrió una de esas cosas que nunca pasan (o eso creíamos) hay que estar preparados lo básico seria saber a quién llamar, tener entre nuestros contactos los números de emergencia y el teléfono de atención a usuarios del tren (nadie sabía cómo llamarlos). Hay que cargar con una pequeña lámpara de baterías existen algunas del tamaño de una pluma que caben en todas partes. Si tenemos oportunidad hay que tomar un curso de primeros auxilios en esta ciudad es indispensable.
Alguien me cuida mucho y me siento muy afortunado de pasar esta experiencia sin mayores daños aun no término de creer que estuve en un accidente de tren. Pienso en los pasajeros del primer tren el que estaba parado, ellos no tuvieron ninguna advertencia, además se quedaron sin luz la experiencia debió ser terrible.
Saludos a todos, un abrazo.
Atte.
Marcos.
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Esta carta ha sido reproducida con el permiso de Marcos Ávila, un amigo que se vio enmedio del accidente del Tren Suburbano (que corre entre el Distrito Federal y el Estado de México) el 18 de abril de 2009.
Imagen de nyahed
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