Ciudad de México: en busca de soluciones

 

Ciudad de México

Tratando de responder en conjunto las preguntas referentes a qué hacer para transformar la ciudad y la función que podríamos desempeñar los jóvenes es indicar que el trabajo que hay que hacerse es conjunto. Las atenciones que la ciudad podría tener no necesariamente deberían enfocarse hacia los programas urbanos del gobierno, sino hacia las propias acciones de nosotros. Una convivencia cordial es esencial si se quiere llegar a ese ideal utópico de la ciudad.

Las tendencias neoliberales en el país han favorecido los proyectos más técnicos y tangibles que puedan inscribirse en programas del gobierno o de alguna empresa privada, lo cual ha perjudicado la reflexión crítica, teórica y metodológica de temas que a la luz parecen tan normales y de sentido común. La búsqueda de implementaciones segmentadas que atienden sólo una parte de la población y a corto plazo debería replantearse, pues no permiten visualizar en general la problemática. La política pareciera buscar tapar las heridas y no curar la enfermedad.

Basta con analizar la vida cotidiana para darse cuenta de que el número de problemáticas que esta ciudad tiene es vasto como para ser mencionadas en su totalidad en un ensayo como éste, pero suelen estar inscritas en gran medida a la atención desenfocada del gobierno como de las actitudes de la misma población. Los jóvenes se caracterizan por pensar en ideas innovadoras, pero son constantemente obstaculizadas por oponerse a los intereses conservadores del poder, carecer de fundamentos teóricos que no reflejen su vivencia y el temor de un posible desplazamiento de las generaciones antecesoras.

El rechazo académico se demuestra al perseguir sólo soluciones tangibles a problemas concretos y no teorizar sobre lo cotidiano. Esto favorece el reproducir el sistema al trabajar para el gobierno o una empresa, o quizás abrir un negocio, pero desperdiciando muchas veces lo que el nivel educativo podría ofrecer, pues la Ciudad de México es una ciudad competitiva. Si se quiere implementar cambios a pesar del desinterés se buscan apoyos externos, muchas veces tan difíciles de obtener que requieren de financiamiento propio. Comenzando por colectivos, luego asociaciones y si llega al éxito se fundan organizaciones, pero llegando a ser absorbidos por la política segmentada de atención.

Soluciones ya las hay, pero el problema es que no son implementadas. Si los intereses se centraran en la gente y no los autos, en favorecer la convivencia y no castigar los malentendidos, habría un gran avance. Lo que la Ciudad de México necesita es un cambio de actitud, cuestión que tardará años, pero que si se invierten dará mayores beneficios. Pero pensar en la ciudad de un país como México también requiere de una visión no nada más hacia la misma, sino a todo el territorio y al mundo que vive una situación de globalización también. Es urgente descentralizar a la Ciudad de México y favorecer el crecimiento de otras comunidades, donde oportunidades sean más equitativas en todo México.

Al ritmo de crecimiento de la ciudad cada vez más se favorecerán la creación de las vías de transportes, replicando el problema en vez de mejorarlo. La cantidad de recursos como agua, energía, alimentos, así como demanda de servicios será mayor y puede que no tenga un momento límite en el futuro. Asimismo, los políticos deberían concentrarse en realizar la labor para la cuál fueron electos y no comenzar la creación de proyectos para incrementar su popularidad y dejarlos inacabados.

El conflicto de intereses es el principal impedimento no en encontrar soluciones, sino en implementarlas. El ideal de cada uno es diferente y llegar a un consenso es difícil, pero el primer paso es escuchar las propuestas alternativas, convencerse de ellas y no anteponer los prejuicios a las ideas, no nada más de los jóvenes, sino de todos.

Autor: JMario

Imagen de: ·júbilo·haku·

Artículo 6 de 6 de la serie semanal Ciudad de México

Ciudad de México: la construcción y el agua

 

Ciudad de México

La búsqueda del espacio no sólo provoca un crecimiento hacia los exteriores de la ciudad, sino la verticalidad de la misma. Viviendo en un pie de montaña, puedo comentar el hecho de que a lo largo de los últimos 15 años he dejado de ver cerca del 40% del paisaje que solía contemplar.

Figura: Un paisaje de la Ciudad de México. La prmer imagen de 1991: la segunda de 2008. Nótese la construcción vertical incluso desde el punto de referencia. El cielo presenta también un cambio en la calidad del aire.

Ésto ha sido principalmente por la construcción de edificios y departamentos que se apropian de la vista que ofrece el lugar a consta de obstaculizar la de los demás. Y esa vista sería grandiosa si aún pudiéramos ver los grandes lagos de la cuenca de México. La construcción de la ciudad por encima de la cuenca la hace propensa de inundaciones y suelo inestable.

Los temblores de 1985 fueron una de las demostraciones de la fragilidad del suelo, pero sólo se desalojan o refuerzan las instalaciones, pero no se planifica trasladar el espacio a otro lado. En el caso del agua, se ha hecho una sobreexplotación de los mantos y ríos, pero existe una política de expulsión del agua a través del drenaje sin aprovechar la cantidad que existe.

La escasez de agua en algunas zonas de la ciudad responde ante la mala distribución, almacenamiento y utilización de la misma. Recuperar los grandes lagos podría no ser lo más factible, pero entender que es mejor no forzar el medio en el que vivimos, sino esforzarnos en vivir en unión sabiendo los límites a los cuales podemos llegar.

Autor: JMario

Artículo 5 de 6 de la serie semanal Ciudad de México

Premio UVM por el Desarrollo Social 2008

 

Premio UVM por el Desarrollo SocialLa Universidad del Valle de México hace una invitación a los jóvenes de entre 18 y 29 años, que sean fundadores o directores de un proyecto social y/o ambiental que marque diferencias en la comunidad, para que participen en la edición 2008 del Premio UVM por el Desarrollo Social.

Los integrantes de BIOSFERA México recibimos esta distinción en su primera edición (2006) y estamos satisfechos y agradecidos con las atenciones que ha tenido Sandra Herrera López, de la Dirección General del Premio UVM.

Por la grata experiencia, puedo decir que participar permite conocer a otros jóvenes con inquietudes similares con los que se pueden crear sinergias para hacer más grandes los proyectos.

La convocatoria se cierra el 5 de septiembre de 2008 a las 18:00 horas.

Da clic en la imagen para desplegar el cartel.